Karim Benzema tomó la responsabilidad que le pertenecía. Sin Ribéry, tiró del carro y le hizo andar bien. Honduras hizo lo que pudo. Aguantó hasta que perdió a Wilson Palacios justo antes del descanso. El centrocampista cometió penalti y se fue a la calle al ver su segunda amarilla. Benzema no lo desaprovechó y Honduras se marchó al vestuario con diez y perdiendo. Se había acabado el sueño.
Hasta ese momento, los catrachos defendieron su honor y la H que llevaban en el pecho. Les había ayudado el larguero en un par de ocasiones, el mejor defensa de Valladares. Matuidi y Griezmann (titular en detrimento de Giroud) fueron calibrando el punto de mira francés. El fútbol lo intentaba fabricar Benzema. Jugaba de 9, pero que nadie se olvide que llevaba el 10.
A Francia le costó abrir la lata y lo consiguió en el 45' en una aparición de Pogba que paró Palacios con falta. El castigo fue durísimo para Honduras. Uno menos y un gol en contra. Benzema marcó y lo celebró con rabia. Se quitó un peso de encima. Luego estuvo mucho más liberado para jugar a su antojo.
Honduras sabía que la segunda mitad que le esperaba iba a ser un martirio. Lo fue, aunque pudo ser peor. Benzema propició el segundo con la ayuda de Valladares y de la tecnología. El tercero sí lo hizo él con todas las de la ley. Disparó muy fuerte y con mala leche. Tiene carácter y lo demostró liderando a una selección que promete.




